Turismo internacional: ¿por qué ee.uu. pierde terreno ante méxico?
La floración del turismo internacional no ha llegado a Estados Unidos. Mientras el resto del mundo celebra un repunte tras la pandemia, el país se enfrenta a una preocupante contracción en la llegada de visitantes extranjeros, una tendencia que desafía las expectativas y plantea serias interrogantes sobre el atractivo del destino.
Un descenso persistente que alarma
Las cifras del National Travel and Tourism Office pintan un panorama sombrío. En enero de 2026, apenas llegaron 5.41 millones de turistas internacionales, un retroceso de entre el 3.5% y el 4.8% en comparación con el año anterior. Y lo que es más inquietante, esta tendencia a la baja se mantiene desde mayo de 2025, acumulando ya nueve meses consecutivos de contracción. El 2025 cerró con una caída de entre el 5.5% y el 6.3%, según proyecciones de Oxford Economics y la U.S. Travel Association.
Lo paradójico es que Estados Unidos es una anomalía en el contexto global. Mientras que el turismo mundial ha experimentado un crecimiento cercano al 4%, las fronteras estadounidenses se cierran a los visitantes. La clave del problema reside en un cambio radical en los patrones de viaje: México ha desplazado a Canadá como principal origen de turistas, una situación inédita desde la década de los 90, incluso superando los períodos de crisis sanitarias.
En enero de 2026, México aportó casi 1.81 millones de visitantes, superando ampliamente los 1.19 millones provenientes de Canadá. Esta última cifra es especialmente preocupante, ya que históricamente ha sido un flujo constante, impulsado por cruces fronterizos tanto terrestres como aéreos. La caída de las visitas canadienses, en particular, impacta severamente en las regiones fronterizas.

Más que solo dinero: un cambio de percepción
¿Qué está pasando? La respuesta es compleja, pero los expertos apuntan a una combinación de factores económicos y políticos. El aumento de las tasas del programa Visa Waiver (ESTA) y las tarifas de visado encarecen la entrada al país, afectando a visitantes tanto de corta como de larga estancia. Pero el problema va más allá de las cifras. La imagen de Estados Unidos se ha visto empañada por una diplomacia a menudo tensa y posiciones nacionales firmes, que han generado desconfianza en el extranjero.
Pero hay un detalle que pocos comentan: la creciente preocupación por la vigilancia en las fronteras. Los controles exhaustivos de dispositivos electrónicos en aeropuertos y puntos de entrada terrestres, junto con restricciones imprevistas a la movilidad, han desanimado a muchos viajeros. La aplicación desigual de estas medidas, sin anuncios oficiales claros, genera incertidumbre y frustración.
Además, la inflación y la inestabilidad económica global han erosionado el poder adquisitivo de los viajeros, haciendo que Estados Unidos sea una opción menos atractiva. Algunos hablan de un “efecto Trump”, un legado de políticas restrictivas y retórica hostil que persiste a pesar de los cambios en la administración.

Consecuencias económicas y un futuro incierto
Las implicaciones económicas son significativas. Según un análisis de WTTC, el gasto turístico internacional en Estados Unidos podría caer en 12.5 mil millones de dólares en 2025. Esta disminución se traduce en una reducción del gasto total proveniente del turismo, que pasaría de los 181 mil millones de dólares en 2024 a menos de 169 mil millones. Y no solo eso: alrededor de 15 millones de empleos en todo el país dependen del turismo, y la tendencia a la baja amenaza la estabilidad laboral en sectores como la hostelería, el comercio y el transporte.
Mientras Estados Unidos ve disminuir la entrada de divisas provenientes del turismo, sus ciudadanos gastan más en Viajes al extranjero, ampliando el déficit comercial en este sector. El panorama es sombrío, y los expertos advierten que, a menos que se aborden estos desafíos, la situación podría prolongarse hasta finales de 2026. Incluso la celebración del Mundial de fútbol en 2026, compartido con Canadá y México, no garantiza un repunte, a menos que se implementen medidas para recuperar la confianza de los viajeros.
En definitiva, Estados Unidos debe trabajar arduamente para revertir esta tendencia y demostrar que sigue siendo un destino atractivo y acogedor. La clave no reside solo en políticas gubernamentales, sino en la capacidad de reconstruir una imagen positiva y transmitir un mensaje de apertura y bienvenida al mundo.
