Petra al borde del abismo: el turismo se desvanece tras la sombra del conflicto

La ciudad rosa, tallada en la roca del corazón de Jordania, ha perdido su brillo. El silencio que ahora impregna las antiguas calles de Petra contrasta con el eco de los pasos de viajeros que antaño la recorrían. Un descenso vertiginoso en el turismo, desencadenado por la inestabilidad regional, amenaza la subsistencia de miles de personas.

El turismo de petra se desploma: ¿un presagio de la fragilidad del viaje?

El turismo de petra se desploma: ¿un presagio de la fragilidad del viaje?

En 2023, Petra recibió alrededor de 1,17 millones de visitantes. Para 2024, esa cifra se desplomó a 457.000, una caída de más del 60%. Un descenso que se profundizó a lo largo de 2025, llegando a los 260.000 visitantes en el primer semestre de 2025, en comparación con los 693.000 del mismo período de 2023. La situación se agudizó tras los ataques de Estados Unidos e Israel en Irán en febrero de 2026, que llevaron a Jordania a cerrar temporalmente su espacio aéreo. Esta medida, sumada a las alertas de viaje emitidas por varios gobiernos, paralizó numerosas reservas y provocó el cancelación masiva de vuelos.

El impacto económico es devastador. Aproximadamente 38.000 personas dependen directamente del turismo en la región de Petra. Wadi Musa, la principal puerta de entrada a la ciudad, ha visto el cierre de 28 hoteles oficiales, eliminando casi 2.000 plazas de alojamiento. Estos establecimientos, antes con ocupaciones superiores al 60%, ahora luchan por alcanzar un 20% de ocupación en muchos casos.

La crisis no se limita a la economía. La percepción de inseguridad en la región ha llevado a una disminución drástica en la demanda. Aunque Jordania ha mantenido la calma en su territorio, la inestabilidad en países vecinos, especialmente en Gaza, ha generado desconfianza entre los viajeros. Las alertas de viaje y la preocupación por la seguridad han impulsado a muchos a buscar destinos más seguros, como España y Grecia, que ahora se benefician de la fuga de turistas.

Ante esta situación, el gobierno jordano ha implementado medidas para paliar la crisis. Extenderon la validez de las visas de turista de 30 a 90 días, facilitando la obtención de visados online y ofreciendo incentivos a las empresas turísticas que incluyan estancias más largas en el país. Se están promoviendo rutas menos transitadas, explorando el potencial de paisajes naturales como senderos y zonas con aguas termales, buscando diversificar la oferta turística.

Sin embargo, el camino hacia la recuperación será arduo. La confianza en la región está erosionada. A pesar de que áreas clave como Petra y Wadi Rum no se encuentran en zonas de conflicto directo, la sombra de la inestabilidad se proyecta sobre toda la región. La seguridad en las fronteras con Siria e Irak y la situación en la ciudad de Ma'an continúan generando preocupación. Las autoridades recomiendan precaución, especialmente a los viajeros que visiten las embajadas en Amán. Un simple paso fuera de las zonas designadas puede acarrear multas de hasta 200 JOD.

En el mercado, los precios han cambiado radicalmente. Los hostales en Wadi Musa ahora cuestan alrededor de 20 euros por noche, mientras que los hoteles de lujo han aumentado sus tarifas a niveles impensables hace apenas unos años. Petra se encuentra en un punto de inflexión, en una tensa espera de que la paz regrese. El destino sigue imponente, pero el futuro de sus caminos de piedra depende de la resolución de los conflictos que la rodean. La ciudad rosa, testigo de imperios y civilizaciones, aguarda, callada, la vuelta de los viajeros, sabiendo que el turismo, como el agua en el desierto, depende de la lluvia.