El sabor decadente de los vuelos de primera: un viaje en el tiempo a la época dorada del avión

La idea de un vuelo en primera clase, con un catering digno de un palacio, es ahora un recuerdo casi mítico. Pero, ¿realmente fue tan espectacular en sus inicios? Un evento reciente en San Francisco desenterró una fascinante historia: el resurgir de la alta cocina aérea, un lujo que, curiosamente, ha visto un descenso vertiginoso.

De pollo frito a caviar: la evolución de la comida en el aire

De pollo frito a caviar: la evolución de la comida en el aire

En los años 20, los pasajeros de las primeras aerolíneas se conformaban con café y pollo frito. Un lujo, sí, pero lejos de la opulencia que se asociaba con la ‘era dorada’ de los Viajes aéreos. La verdadera explosión de la gastronomía inflot se produjo en los 50, 60 y 70, cuando los aviones con alas anchos permitieron la instalación de cocinas completas. De repente, menús de siete platos, con platos como el solomillo y el salmón, se convirtieron en la norma para los viajeros de primera.

“Fue un ‘zenith’, especialmente en primera clase,” explica Dennis Sharp, curador de aviación del SFO Museum. “La introducción de los aviones de gran porte, con cocinas amplias, permitió ofrecer opciones culinarias cada vez más sofisticadas.” Un evento organizado por Loyal Legion PDX reunió a 150 entusiastas y ‘AvGeeks’ para revivir esa época, con platos inspirados en menús de vuelo desde 1919 hasta la última misión del Concorde.

El evento, organizado por el escritor Bill Oakley – conocido por su trabajo en ‘Los Simpson’ – recreó platos icónicos de diferentes épocas. Desde el sándwich de pepino y huevo de corral de Handley-Page Transport en 1919, pasando por el famoso “Kangaroo Tail Soup” de Qantas, hasta el caviar, blinis y huevos duros de Alaska Airlines en los años 70, la oferta fue una oda a la extravagancia. Incluso se sirvió un cóctel “The Greatest Martini of the 20th Century” con Aviation Gin y Accompani dry vermouth, un tributo a Pan American World Airways.

“No fue un menú predecible de lo que se esperaba de la primera clase”, comenta Oakley. “Necesitábamos incluir el caviar y el salmón, por supuesto, pero buscamos una mezcla de platos antiguos y más nuevos, para ofrecer una experiencia sorprendente.” La colaboración con Marcus Hilliker, director culinario de Loyal Legion, fue clave para garantizar la autenticidad histórica de los platos, teniendo en cuenta las limitaciones tecnológicas de cada época.

Pero la calidad de la comida de avión no siempre fue la que se esperaba. “A lo largo de los años, algunos platos poco inspirados han sido servidos a los pasajeros”, admite Hilliker. La nostalgia por la época dorada, sin embargo, sigue viva. Y es que, según el éxito del evento en Portland, la gente está dispuesta a volar a kilómetros para revivir esos sabores.

Oakley ya está planeando nuevas ediciones en Seattle y, posiblemente, en museos y hoteles clásicos. La próxima aventura culinaria del ‘AvGeek’ promete ser tan sorprendente como los sabores que nos transportan a una época en la que volar era sinónimo de lujo y sofisticación. El futuro de la comida en el aire, por ahora, se alimenta del pasado.