Crucero: la trampa fiscal que beneficia a las líneas de turismo

Mientras el sol promete escapadas exóticas, existe una realidad fiscal que hace de las cruceros una opción sorprendentemente barata. Un estudio reciente de Transport & Environment revela que una noche a bordo, en promedio, cuesta un 40% menos de lo que se espera en un hotel – y todo gracias a una laguna legal que permite a estos barcos evitar impuestos.

La trampa de la

La trampa de la 'modo de transporte'

La clave reside en la clasificación de los cruceros: se consideran ‘modos de transporte’ y no ‘hoteles’. Esta interpretación, desactualizada según T&E, les exime de impuestos como el IVA y otros específicos del sector hostelero. Es una artimaña legal que, en definitiva, permite a las compañías ahorrar una fortuna.

Pero este “beneficio” esconde una verdad incómoda: el impacto ambiental de la industria del crucerismo es alarmante. Las emisiones de gases de efecto invernadero y otros contaminantes se calculan a un costo de 550 a 930 millones de euros en Francia, España e Italia para 2025 – una cifra que no se refleja en los precios de los billetes.

Las tasas que los puertos pagan, en cambio, apenas representan el 6% del valor de los alquileres hoteleros. Un pasajero en crucero, además, genera una huella de carbono 2 o 4 veces mayor que un turista que viaja en avión o tren y se hospeda en un hotel. Una disparidad flagrante.

En Grecia, ya se aplican tasas de entre 5 y 20 euros por pasajero, dependiendo del puerto y la época del año. Amsterdam, Barcelona y Dubrovnik también están considerando medidas similares para limitar la congestión y la contaminación. En Francia, T&E propone un impuesto de 15 euros por parada, lo que podría generar 53 millones de euros anuales y financiar infraestructuras portuarias y la protección del medio ambiente.

La solución no es solo fiscal. Las autoridades europeas deben regular la industria, promoviendo combustibles marinos bajos en carbono y, posiblemente, limitando el número de barcos que operan. Es necesario un cambio de paradigma, un reordenamiento de los modos de transporte que priorice la sostenibilidad y reduzca la presión sobre los destinos turísticos.

La creciente popularidad de los cruceros podría poner a prueba la voluntad política. Si los responsables no actúan, la industria del crucerismo seguirá disfrutando de una ventaja fiscal injusta, a costa del medio ambiente y de las comunidades locales.