Colombia: el turismo dispara, pero la industria hotelera lucha por no estar en la conversación

El sector turístico colombiano está experimentando un auge sin precedentes, impulsado por un crecimiento de visitantes internacionales que podría alcanzar los 6 millones para 2025 y generar ingresos superiores a los 9.427 mil millones de dólares. Un dato alarmante: este éxito, lejos de beneficiar a los hoteles tradicionales, está consolidando un nuevo modelo de alojamiento que desafía el statu quo.

La explosión del turismo: un motor económico en ascenso

La economía colombiana se está reconfigurando gracias al turismo, que ya supera los ingresos provenientes del petróleo. Las preferencias de los viajeros están cambiando, priorizando experiencias auténticas y la flexibilidad de las estancias. Pero la narrativa se completa con una realidad compleja: el crecimiento no se distribuye equitativamente.

Un estudio de Corficolombiana revela una disparidad preocupante. Mientras que pequeños hoteles y restaurantes han expandido su capacidad en un 0.5% – un crecimiento considerable en comparación con el 2.6% del sector general – los negocios de alojamiento, especialmente los hoteles convencionales, sufren. Sus ganancias han disminuido un 2.9%, con una caída del 51% en las ocupaciones, evidenciando un debilitamiento preocupante.

La emergencia de las casas de alquiler ha sido, sin duda, el motor disruptivo. Después de 2020, estas opciones de alojamiento crecieron un asombroso 635%, superando con creces el modesto aumento de los hoteles, que solo experimentaron un incremento de fracciones de ese porcentaje. Actualmente, más de 76.000 propiedades vacacionales figuran en los registros oficiales, mientras que los hoteles se mantienen alrededor de 20.000. Un cambio radical, irrefutable.

Este nuevo paradigma responde a una demanda de libertad, espacio personal y, en muchos casos, a tarifas más competitivas. La clave reside en la búsqueda de alternativas a la oferta tradicional. Los viajeros buscan experiencias más personalizadas y flexibles, prefiriendo la comodidad y privacidad de un hogar temporal a la rigidez de un hotel.

La crisis oculta: aumentos, despidos y la amenaza a la confianza

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Sin embargo, la historia no es solo de crecimiento. La industria hotelera se enfrenta a una tormenta perfecta. El aumento de los costes operativos, impulsado por el incremento de los impuestos públicos y los nuevos convenios laborales, ha erosionado los márgenes de beneficio. Las subidas salariales, que han alcanzado un 10.3% gracias a las nuevas normativas, han obligado a las cadenas hoteleras a recortar personal: casi seis mil empleos fueron eliminados en los primeros meses de 2026, con una pérdida total de alrededor de 13.000 puestos de trabajo en tres años. Los ingresos, a principios de 2026, se encuentran en su punto más bajo en cinco años, debido a una menor demanda turística, un síntoma preocupante de la situación.

La inseguridad se ha convertido en un factor determinante. El aumento del 211% en los secuestros en la segunda mitad de 2025, y las crecientes tasas de criminalidad en las principales ciudades – con un incremento del 103% en enero y febrero de 2026 en comparación con el año anterior – han generado una profunda desconfianza. El coste del seguro ha aumentado drásticamente, dificultando la cobertura y generando incertidumbre. Las autoridades, conscientes de la gravedad de la situación, están implementando medidas, pero la percepción de riesgo sigue siendo un obstáculo importante. Unas 837 bloqueos de carreteras, con un incremento del 12.8% respecto a 2023, y un coste de reparación de 11.3 mil millones de pesos, reforzando la sensación de inestabilidad.

La industria hotelera advierte que la seguridad es la base de la confianza, y que la falta de protección dificulta la atracción de visitantes, tanto nacionales como internacionales. El destino Colombia se ve afectado por esta situación, y el turismo se ve penalizado, a pesar de las cifras positivas.

En definitiva, el crecimiento turístico en Colombia presenta una paradoja inquietante: mientras el número de visitantes aumenta, la industria hotelera tradicional no se beneficia. Este desajuste subraya la necesidad de una estrategia más inclusiva que garantice que los frutos del turismo lleguen a todos los actores del sector y a la economía nacional en su conjunto.