Petra en silencio: el turismo jordaniano lucha por despertar

El viento susurra entre las imponentes fachadas de Petra, la ciudad excavada en la roca, pero ya no trae consigo el eco de las voces de turistas y comerciantes. Un silencio sepulcral ha caído sobre la antigua capital nabatea, mientras el turismo en Jordania se enfrenta a una crisis sin precedentes, arrastrada por las sombras de conflictos ajenos.

El desplome turístico: cifras que congelan la esperanza

La cifra habla por sí sola: en 2023, alrededor de 1.17 millones de visitantes admiraron la magia de Petra. En 2024, ese número se desplomó a apenas 457,000, una caída superior al 60% en un solo año. La tendencia a la baja persistió en 2025, con un escaso 260,000 visitantes en los primeros meses, muy lejos de los casi 693,000 registrados en el mismo periodo de dos años atrás. En junio de 2024, la llegada de turistas extranjeros se redujo a un magro 16,207, en comparación con los 68,349 del verano anterior. Una debacle que ha hundido a la región en una profunda crisis económica.

Wadi Musa, la puerta de entrada a Petra, lo ha pagado con creces. Casi dos mil plazas hoteleras, equivalentes a más de la mitad de la capacidad total de la zona, han cerrado sus puertas para siempre. Los pocos establecimientos que aún resisten luchan por alcanzar el punto de equilibrio, con una ocupación que rara vez supera un día a la semana, contrastando con la habitual saturación de años anteriores. La vida, para los cerca de 38,000 habitantes que dependen del turismo, se ha vuelto abruptamente difícil.

Un eco de la inestabilidad regional

Un eco de la inestabilidad regional

Pero, ¿qué ha provocado este cataclismo turístico? No se trata de problemas internos de Jordania, sino de la reverberación de la inestabilidad en el Oriente Medio. El conflicto en Gaza, estallado el pasado otoño, proyectó una sombra de incertidumbre sobre toda la región, a pesar de la relativa calma que se mantenía en suelo jordano. Los titulares alarmantes, más allá de la realidad, hicieron que los viajeros replantearan sus planes, optando por destinos más seguros y cercanos.

La reciente escalada de tensión entre Estados Unidos e Israel y, especialmente, los ataques a Irán en febrero de 2026, fueron el golpe definitivo. Jordania se vio obligada a cerrar brevemente su espacio aéreo, lo que desencadenó la cancelación masiva de vuelos y la emisión de alertas de viaje. La concatenación de eventos, alimentada por la percepción de peligro, llevó a una huida masiva de turistas hacia alternativas en Europa, como España, que podría alcanzar la cifra de casi 100 millones de visitantes este año, capitalizando la desgracia ajena.

Un nuevo enfoque para revivir la llama

Un nuevo enfoque para revivir la llama

Ante esta situación, el gobierno jordano ha puesto en marcha una serie de medidas para reactivar el turismo. Se ha extendido la validez de las visas a tres meses y se ha simplificado el proceso de solicitud online, eliminando barreras burocráticas. Las agencias de viajes reciben incentivos para incluir Jordania en sus paquetes, y se ha intensificado la promoción del país en mercados internacionales, buscando nuevos nichos de turistas. Pero la estrategia va más allá de la historia milenaria. Se apuesta por el turismo de aventura, las rutas de senderismo, la Cultura local y los beneficios terapéuticos de las aguas salinas, buscando diversificar la oferta y atraer a un público más amplio.

¿Es seguro viajar a jordania?

¿Es seguro viajar a jordania?

A pesar de los esfuerzos, la desconfianza persiste. Los expertos coinciden en que las zonas más sensibles, como las fronteras con Siria e Irak y la ciudad de Ma’an, requieren precaución. Se recomienda evitar las bases militares estadounidenses y mantener contacto con la embajada en Amman. En caso de alerta, el protocolo es claro: buscar refugio en espacios cerrados, lejos de ventanas. Y, para estancias prolongadas, el registro con las autoridades locales se ha convertido en una obligación, con una multa de 200 JOD (unos 260 euros) para quienes incumplan esta norma.

Pero, paradójicamente, la crisis ha generado oportunidades. Los precios de alojamiento en Wadi Musa se han desplomado, con habitaciones en hostales que ahora cuestan alrededor de 20 euros la noche. Los hoteles de lujo, por su parte, ofrecen descuentos impensables hasta hace poco. Petra, la ciudad rosa, permanece inmutable, aferrada a la esperanza de que los pasos de los viajeros vuelvan a recorrer sus antiguos senderos. La recuperación, sin embargo, dependerá de un factor externo: la restauración de la paz y la seguridad en la región. Mientras tanto, la ciudad espera, paciente y silenciosa, que el viento traiga de nuevo el sonido de la vida.